2 sept. 2012

El texto que escribí para Ñ sobre los ocupantes de Wall Street

Soy el hombre de traje que busca a Sally. Camino por la Quinta Avenida, entre los que marchan a favor del movimiento Occupy Wall Street, y a cualquiera que me cruzo le pregunto por ella: veintisiete años, rubia, de esta altura, tiene puesta tal y tal prenda. Sally se fue de casa el domingo, después de una pelea que tuvimos. Fue una pelea estúpida: ella estaba a favor de los acampantes y yo en contra. Y como mis argumentos para estar en contra fueron más razonables que los suyos para estar a favor, después de la pelea y el llanto salió de la pieza y me dijo: Me voy con ellos. ¿Dónde te vas? A luchar por un mundo mejor, bla, bla, bla. Me reí (fue un error estúpido) y a ella se le llenaron los ojos de lágrimas y se fue golpeando la puerta. Pensé en bajar a toda marcha, pero también tengo mi orgullo (tercer error estúpido) y me dije que volvería a la noche, cuando le diera hambre. Sally siempre está tomando grandes determinaciones que le duran un par de horas. Como la vez que quiso aprender guitarra y fui y le compré una Gibson Les Paul dorada y a las dos clases me dijo que no la soportaba. Guardé la guitarra en el desván (todavía está ahí, cubierta de polvo) y ya no volvimos a hablar del tema. Con todo es así: la poesía, las clases de cocina, el reiki. Así que pensé: se le pasará. Y a la noche miraba los noticieros esperando verla, cantando esas canciones de Bob Dylan y pintando carteles con consignas difusas, el 99 por ciento que mantiene al 1 por ciento y así. Cuando yo, parte del 1 por ciento, la mantengo a ella, que quiere creerse parte del 99. Empecé a llamarla pero no me atendía el celular y entonces me desesperé y fui a buscarla. Pasé por el parque Dewey Square, pregunté por ella a todo el que se me cruzaba. Y acá estoy, ahora, entre los manifestantes. Me miran como si fuera el enemigo. Es cierto: soy, de alguna forma, el enemigo. Todo esto me parece inútil, un pasatiempo burgués de niños ricos con tristeza. Ecologistas, vegetarianos, adoradores de dioses extraterrestres, guerrilleros de twitter, pacifistas pasados de moda que no ven la hora de meter una flor en el caño de un fusil. Confundidos, como Sally. Pienso en ella y la veo cantando junto a los manifestantes: this is what democracy looks like. Tiene pintada una bandera norteamericana en la mejilla. Cuando me ve se queda quieta. La gente a nuestro alrededor sigue pasando a los costados como la corriente de un río. Y nosotros inmóviles, mirándonos, con todo el tiempo del mundo para que algo pase, o para que todo siga igual.

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